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- SAL Y AZÚCAR -

PITA EN SOLEDAD

PITA EN SOLEDAD

Tanto bailar para luego darse cuenta de que has perdido algo que no se sabe si vas a encontrarlo. Pero entonces no puedes ni siquiera imaginártelo... te lo estás pasando tan bien... bailas y bailas... ríes, bebes y fumas... ah, no, que es que ahora lo han prohibido. Lo dicho, que te lo pasas como nunca... Pita en soledad.

Regresas a casa, te descalzas y te vas desvistiendo mientras piensas... qué noche, qué noche... sonríes para tus adentros a la vez que te pones las zapatillas y te encaminas al baño... te lavas la cara y te encaminas hacia la cama, mañana será otro día... Pita en soledad.

Y duermes, duermes... rememorando la noche recién transcurrida... te abrazas a tu pareja, que también duerme pero a la vez está con un ojo avizor pendiente de que todo esté en orden... no se sabe si pasará algo malo o no, pero nunca está de más estar un poco alerta... Pita en soledad.

Pero llega la hora de levantarse. Parece que algo no va bien. Estás con la mosca detrás de la oreja... crees que has perdido algo y sí, lo puedes confirmar: Vacías bolsillos, el bolso, la chaqueta, el pantalón, todo. Pero no, no aparece. Como no estás del todo seguro, te das una ducha y desayunas... Pita en soledad.

Acabas de desayunar y ya te das cuenta de que falta. Grito mortífero que se deja sentir en la casa, acompañado de lloros y lamentos, porqué me tiene que pasar ésto a mí, si parezco imbécil, qué vaya suerte la mía, parece que nos ha visto un tuerto... Pita en soledad.

Te consuela quien te está cerca, al final termina sabiéndolo todo el mundo, mientras siguen su camino esos objetitos arriñonados que no sé sabe cuánto vale pero seguro que un pastón. Y te lamentas, y te fustigas acerca de cuán culpable y desgraciado te sientes... Pita en soledad.

Y no te quedas tranquilo y recorres esas calles que te vieron caminar, retozar de alegría, reír y pasarlo bien, estar en compañía agradable... Pero nada de ésa queda ahora... llegas a la sala de fiestas y a esperar, porque no es aún la hora de abrir... te impacientas y haces ya recuento de la pérdida... Pita en soledad.

Y cuando abren, entras con el corazón en un puño... quién sabe en qué estado lo encontraré, si lo podré usar todavía, quién sabe... y otra vez a maldecirse a sí mismo, que si no valgo, que porqué me ha tenido que pasar ésto a mí... cuando de repente, aparece, sin venir a cuento, te alegras y todo el mundo tiene que saberlo...

 

PITA EN SOLEDAD.

 

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