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- SAL Y AZÚCAR -

POR AZAR O POR SUERTE

POR AZAR O POR SUERTE

No es la primera vez que abordo el tema de la suerte en el presente blog. Tampoco voy a hacer una segunda parte del susodicho post (ya se sabe, nunca son buenas) sino algo referente al azar... (el "azahar" como dice un amigo mío, mejor; lo escribe) Resulta que hoy, 25 de Septiembre, es es cumpleaños de una persona de la que estuve enamorada un buen tiempecito. No pondré el nombre por si me lee (de hecho, su hermano es ingeniero informático y pies para que os quiero) pero sí haré una descripción somera de su físico, de cómo era hasta que se terminó degradando, dejando de la mano de Dios: Alto, delgado, (quizá demasiado para mi gusto, en el momento me parecía que estaba súper fibrado) castaño claro y, lo que más me gustaba: Sus ojos verdes y grandes. Los había heredado de su madre. Su hermano, en cambio, los tenía azules como su padre.

En realidad a este chico, R., (está bien, dejo la inicial) le conocí desde que íbamos a preescolar, pero no nos volvimos a ver hasta pasados los años. Es lo que suele ocurrir en las películas, en el momento del reencuentro le echas en cara lo horrible que era, lo mal que se comportaba... y en mi caso no fue así, que yo recuerde... él se había hecho amigo de la que era mi mejor amiga hasta que me dio la puñalada trapera, su inicial era paradójicamente la P., poned el adjetivo menos fino que se os ocurra con la inicial en cuestión. Pues bien, yo le veia con esta chica y me sonaba su cara la tira, pero ni caía en la cuenta de que podía ser él... hasta que llegó el año 1999... cuando se volvió un Adonis con todas las letras. (si lo pienso ahora, no fue nunca guapo; estaba cegadita de amor, en fin) El pobre chico me conocía, pero no hacía nada por su parte. ¿Timidez redomada o estupidez por juntarse con las zorronas de turno? Nunca lo sabré. El hecho de que -no sé cómo- me adjuntara a su grupo de amigos, entre los que estaban P. y la viborilla S., fue para mí una estrategia fulminante para verle todos los viernes, a pesar de que íbamos al mismo instituto, pero él iba a un curso menos que yo.

Pasaron unos cuantos meses, yo me ponía a morir cuando le veía con las viborillas, porque las hacía regalos y tenía detalles con ellas... conmigo nunca... o eso pienso... jamás se lo eché en cara, salvo cuando todo se fue al garete... Bien, entonces en la primavera del 2000 nos fuimos todos a pasar la Semana Santa en Orense a un piso que nos habían alquilado... allí R. se desató como un loco, me estaba haciendo todo el tiempo chistes y bromas -entre las que incluyo un moratón en toda la pantorrilla jugando a fútbol- y vimos un arcoiris doble, jugábamos al escondite y empezábamos a tener ya cosas en clave. Las viborillas se daban cuenta, y me daban la enhorabuena, yo me sentía halagadísima... así durante los meses siguientes (Mayo y Junio) donde pasó de todo... cuando digo de todo, es de todo... las viborillas se ponían a morir (que os den, bonitas; éso lo digo ahora, antes era muy bien hablada) y así hasta que nos fuimos otra vez a Galicia (esta vez en la provincia de Pontevedra) a pasar dos semanas, esta vez en una casa rural... vendrían también unos amigos nuestros de Lugo y de Oviedo, iba a ser la caña. Y así fue... hasta Agosto, donde todo paulatinamente se fue a hacer puñetas... sentía que algo se había abortado secretamente (literal y psíquicamente) sin yo saberlo. Las zorronas me dieron la puñalada, y lo pasé fatal. Con R. perdí poco a poco el contacto... me faltaban sus besos, su cuerpo y sobre todo esos ojos verdes que me quitaban el sueño... hasta que una víspera de Nochebuena todo terminó, sin dolor.

(todo ello muy relativo, R. se iba a ordenar sacerdote)

En los años siguientes, me costó mucho superarlo todo, pero en la Universidad conocí gente maja como para hacerme olvidar ese pasado tan pesado; y me fui enterando poco a poco de la vida de R., de cómo colgó los hábitos, de cómo aprendió a conducir -yo pienso que sin tacto- y de cómo repentinamente se volvió gay. Fue un conglomerado de muchas cosas, un reboce y un adobo que no se saborea hasta que no tienes el filete delante de tus santas narices; y así un día saliendo del cine le veo con su hermano E. y con dos chicas de las que la cara me es familiar pero no son las viborillas. Le doy dos besos, que duelen y queman, pero que no saben a nada. Ni a despecho. R. se ha dejado barba y melena rizosa, lleva gafas de pastillero y fuma porros. El alma se me cae a los pies en el acto. Le pregunto por su vida y me entero de que ha dejado todo colgado, que es un culo de mal asiento.

Y es que la vida pone a casa uno en su sitio. Yo de momento, de mi silla (cómoda, confortable y caliente) nadie me va a levantar. ¿O no?

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