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- SAL Y AZÚCAR -

AYUNO Y PENITENCIA

AYUNO Y PENITENCIA

Cada vez que llega Semana Santa, siempre me entra un sentimiento de vacío y de desolación. Quizá Nietzsche tuvo razón en su día (cit.) y el mundo quedó desnudo en cuanto las palabras se pronunciaron. Y las tinieblas se hicieron más patentes que nunca. Solemnidad y amargura que luego se torna en alegría porque hay que celebrar otras cosas, pero algo o alguien siempre termina por los suelos. Llegas a casa y teentran ganas de llorar, ¡nos lo han quitado, nos lo han quitado! Y voces y trompetas, esta vez más solemnes que nunca, se apoderan de ti.

Colores que se fraguarán en uno solo, el de la muerte. Y saber que en un día en concreto de la semana tendrás que renunciar a algo jugoso y rico, cocinado de mil formas distintas. Que conste que es el día en el que más te apetecen, y por lo tanto lo comes. ¡Quieres pecar, pero eres una santa! ¡no es posible! De todos modos, te enseñaron a obedecer y a ser buena, a ser respetuosa con todos; y desde hace tiempo sabes que te lo terminarás saltando todo a la torera. Adiós niña buena, adiós niña responsable, adiós niña perfecta.

Te rebelas contra todos y te revelas a ti misma tus más recónditos secretos, algunos no son ciertos y en otros tal vez sabes que exageras, pero sabes que ya no es pecado. Has aprendido a pasar de todo ello, a torear lo que te conviene. Y aunque termines confesándole a ese "alguien" tus secretos, notas que se te escucha y se te hace feliz. Y por ende, estás muy confusa. No sabes si irás al cielo o al infierno, pero como todo el mundo te dice que eres taaaan buena... Total, si actúas bien o mal, nadie te va a decir ni echar en cara nada.

Que nos pillen a todos perdonados, especialmente a mí... Triste

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