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- SAL Y AZÚCAR -

AL CALOR DEL AMOR EN UN BAR

AL CALOR DEL AMOR EN UN BAR

Ayer ha salido todo redondo: Cena, compañía y velada.

Resulta que fui con Duby a un restaurante griego que teníamos resevado desde hace alguna semanita -el pobre se lo merecía desde su accidente y además yo quería darle un homenaje por mi cumpleaños, por lo que le invité yo- y ambos dos íbamos con miedo y curiosidad, como siempre cada vez que te arriesgas a algo nuevo... al final ha resultado genial... el local además no era tan pequeño como nos lo parecía desde fuera, y además nos llevaron a una salita muy coqueta que se llenó ya casi al final, así que pudimos hablar de nuestras cosas tranquilamente y muy relajados. No me acuerdo exactamente del nombre de los platos, pero la descripción ya abre el apetito... lo que resultaba un plato para cada uno, al final se convirtió en unos pinchos... compartiendo el plato y tal... muy rico todo.

Pedimos para empezar unos rollitos de arroz envueltos en hojas de parra, acompañado de una salsa de yogur griego y zumo de lima. ¡Estaban de muerte! Además el yogur estaba ligeramente condimentado con ajo y especias... Luego, unos pimientos -señores pimientos, bien grandes- rellenos igualmente de arroz (por éso se me bajó la cena tan pronto... jejeje) y pasas de Corinto. Yo les noté un pelín aceitosos, pero Duby les encontró deliciosos... y finalmente un timbal de pasta... era como una lasaña, lo único que en vez de llevar las placas de pasta normales, llevaba macarrones. De postre, Duby se pidió yogur griego con nueces y miel -terminé picoteando de su vaso y estaba cremoso, buenísimo- y servidora una tarta de hojaldre, almendras y almíbar... la condenada estaba durísima y para partirla un milagro... un poco dulzarrona pero muy buena, la textura era muy agradable. Ah, se me olvidaba, para beber, un vino blanco, griego, buenísimo... nos dijeron que llevaba resina de pino y era un sabor muy característico... y era cierto.

Pagué poco -ya dije que le invité yo- y dejamos un poco de propina... luego salimos, nos morimos de frío paseando por el casco histórico de la ciudad y nos refugiamos en un bar muy coqueto del centro que ya es habitual en nosotros, aunque habían cambiado un poco la decoración seguía igual de bonito... nos hicimos confidencias, fotos y mientras, sonaron canciones como ésta, que nos encanta a ambos y que puso como punto y final una tarde-noche maravillosa, de las que hay que repetir:

Amor, la noche ha sido larga y llena de emoción,

Pero amanece y me apetece estar juntos los dos…

Bares, ¡qué lugares tan gratos para conversar!

No hay como el calor del amor en un bar. 

Amor, no he sabido encontrar el momento justo

Pues con el frío de la noche no estaba a gusto.

Mozo, ponga un trozo de bayonesa y un café,

Que a la señorita la invita “mesié”. 

Y dos alondras nos observan sin gran interés,

El camarero está leyendo el As con avidez.

Bares, ¡qué lugares tan gratos para conversar!

No hay como el calor del amor en un bar. 

Amor, aunque a estas horas ya no estoy muy entero,

Al fin llegó el momento de decirlo: te quiero.

Pollo, otro bollo… no me tenga que levantar.

No hay como el calor del amor en un bar. 

Jefe, no se queje y sirva otra copita más.

No hay como el calor del amor en un bar.

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