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- SAL Y AZÚCAR -

CASAS DE MUÑECAS

CASAS DE MUÑECAS

Levantamos las piernas en ángulo de noventa grados, así, coronilla hacia la perta de entrada, espalda recta. Inicia desde aquí el ejercicio. Hete aquí las instrucciones, mientras ella lo hace, obediente, sin prisa; mientras a su mente vienen casas y casitas. Sobre todo casitas de muñecas, que sabe que están lejanas y por lo tanto, inalcanzables. Son sólo accesibles a una minoría que puede pagarse cosas maravillosas, las que ellas jamás logrará tener. Pero ambiciona por ello, algo le bulle en su interior.

Ahora trabajaremos el trasverso, es como si quisiéramos abrocharnos el ombligo hacia dentro. Inspiro... respiro... así, muy bien, expulso el aire con la boca. Acompasado. Pero resulta que esas mismas posturas que ella está haciendo se dibujan en el techo, cogen corporeidad, carne, hueso e incluso alma. Es algo inaudito. ¿Por qué yo no puedo conseguirlo? Se podría intentar adivinar quién vivirá en esas casas... sí, de alguien sabes... pero que no conoces casi nada... no te invitan, no te dicen de compartir sus riquezas con ellos. No perteneces a su mundo, dicho de otra forma.

Cogemos el balón y lo colocamos delante de nuestro cuerpo mientras estamos arrodillados delante de él. Vamos redondeando espalda poco a poco, lo primero que baja es la cabeza, y progresivamente vamos arqueando suavemente la espalda hasta quedar como una mesa, recta. Muy bien. Y esas casas tienen piscina, ahí bañaré a mis muñecas, mientras otras tantas muñecas están en remojo ya, y se tuestan al sol mientras alguien las ayuda a secarse, a salir del agua. Para posteriormente hablar, siempre las muñecas, de cosas fatuas e intranscendentes... se aplican cremas solares caras, se visten de lujo y viajan por todo el mundo, en avión, yate, velero... el coche y el tren son de gente pobre y mundana.

Vamos progresivamente levantando la espalda, primero las lumbares, luego las dorsales y finalmente las cervicales. Lo último que sube es la cabeza. Estas personas serían incapaces de vestirse en rebajas, eso lo dejamos para el populacho. Y no compramos ni en grandes almacenes ni en tiendas que conoce todo el mundo. Buscamos la exclusividad, el lujo, lo caro, lo auténtico. Nos lo pasamos fenomenal con objetos electrónicos igual de exclusivos y puede que hasta de edición limitada, nos va lo efímero porque sabemos que podemos permitírnoslo, faltaría más.

Y hasta aquí hemos llegado... derechitas... hasta el Miércoles, muchas gracias. Se incorpora lentamente de la colchoneta, la coloca en su sitio, junto con los accesorios que haya podido usar ese día. Se quita los calcetines adherentes y se pone sus zapatillas de vieja, las que fueron una vez de niña rica.

 

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