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- SAL Y AZÚCAR -

GOOD.BYE.GOOD.MAN

GOOD.BYE.GOOD.MAN

Adiós, buen hombre, adiós.

Hiciste que yo estuviera aquí, que sin ti yo no estaría dedicándote estas líneas. Sí. Vale que yo haya sido fuerte para salir adelante, pero tú te encargaste de escoger alguien que tuviera necesidad, alguien que pedía clemencia por un hijo, cual madre (o madres) lo hacían con el Rey Salomón. Y personas allegadas quisieron ponerse en pie de guerra, y lo consiguieron. Se postraron ante ti, ante tu persona; y al principio te hiciste el longuis. Pero luego un resorte se te movió y esbozaste un "¿porqué no?".

Adiós, buen hombre, adiós.

Como un caballero, caballero de cuatro nombres encarnados en una sóla persona. Nombres valerosos, sobre todo el de pila, cual dirigente romano que cayó en el auge de su carrera, tal como tú. Caíste y no volviste, te fuiste. Te fuiste pero con la cabeza alta y viendo que habías cometido una buena acción. Y alguien te lo agradecerá infinitamente, aunque nunca te lo haya dicho. Y ese "alguien" soy yo. Me escuchas, ¿verdad? Guerrero valiente, guerrero de los cuatro nombres, háblame aunque no puedas.

Adiós, buen hombre, adiós.

Concluyo, no sin antes decirte que nadie creía en tu poder mágico. Que era una estupidez, decían. Tal vez era más importante salir de un huevo pero tener miedo al cascarón que una vez te expulsó para posteriormente abandonarte y dejarte a tu suerte. En mi caso fue así, pero alguien se encargó de recogerme, otro de quererme y tú de encargarte de que todo saliese bien. Urdiste la trama, dirigiste una película en la que yo fui la protagonista. Pero no hubo premios sino recompensas. Hacia ti, hacia tu persona. Gracias.

Adiós, buen hombre, adiós.

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