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- SAL Y AZÚCAR -

FOTOGRAFÍAS

FOTOGRAFÍAS

Así, parafraseando al Gran Hombre. Hoy voy a hablar del mundo de la fotografía, pero no en sentido estricto (de lo que sé muy poco) sino de la fotografía como afición, como pasatiempo. A mí personalmente es algo que me ha apasionado desde siempre y ahora parezco una chiflada con cámara en ristre, ya sea con la del móvil (a pesar de que no es muy potente y además el cacharro de marras no tiene Bluetooth, ¿para qué vale que tenga cámara y vídeo?) o con la digital; la cual a pesar de tener tres años y pico, hace unas fotos estupendas. Tiene cuatro megapíxeles (megapichas decía alguien por ahí) y entendidos como mis amigos Duby, Chusi o Shankara, dicen que es súper buena. Aunque esta empezando a fallar. Me daría una pena... Y tengo cariño por este trasto tan fácil de usar y conectar luego al PC. En fin. Éste es el triste fin de todo ser humano y ser objetual.

Pues bien, me parece recordar que la prima foto que hice fue en Oliva, provincia de Valencia, a mis padres a mi primo Yuri. Reconozco que me daba un poco de miedo, porque esa cámara "era la de papá" y estaba siempre lustrosa, brillante; guardada en un armario del salón en su funda y sus objetivos. Me infundía respeto y el mero hecho de tocarla era casi como un pecado. Pero aún así mi madre me pidió que les hiciera una foto a ellos tres en el puerto, con su mar y sus barquitos. Una vez que las fotos se revelaron, todos se sorprendieron de lo bien que había salido la foto, por lo que me fueron empezando a pedir que hiciera más... a pesar de que a escondidas la cogía y me hacía autorretratos... con unas muecas extrañísimas... yo creía que salía fenomenal, como una modelo casi... y entonces la cámara se hizo mi fiel compañera de viajes... hasta que tuve la mía propia con doce años... la regalaban comprando unas pastillas de jabón de la marca Dove y mi madre aseguraba que hacía unas fotos estupendas. Se tuvo que morder la lengua porque la luz era espantosa. Salían todas amarillas y además tanto el obturador como el zoom eran de plástico, malejos como ellos solos.

Así seguimos con esas dos cámaras hasta que llegó la digital. Cuando me la trajeron los Reyes (jis jis jis jis) me puse como loca de contenta porque mis compañeros de clase ya la tenían y yo con ese bicharraco a los viajes. Me la llevé a Italia en mi Erasmus y ya no pude parar hasta ahora... marcho con ella a todas partes y retrato lo que me parece... en Parma solté un "tierra, trágame" una vez que hacía unas fotos a los leones de la portada de la Catedral y en ese momento apareció una caja mortuoria y toda la familia ahí con las lágrimas y que la pena se transforma en rabia al ver a esa guiri que hace fotos al finado. Qué vergüenza. Y qué apuro.

En fin... que ahora que la cámara digital parece que se está despidiendo de mí... le daré un entierro como se merece: Punto limpio y... aparte. Como ella no habrá nunca ninguna.

En la imagen: Fotomontaje de una conocida marca de ropa (no soy yo, jejeje)

 

 

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