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- SAL Y AZÚCAR -

CÓMO DECIRTE ADIÓS

CÓMO DECIRTE ADIÓS

Cómo decirte adiós, ahora que ya te has alejado de mí.

Hace un mes escaso que te fuiste y que dejaste tu esencia en aquella sala que, a pesar de no abarrotarse, fue suficiente para que tú y yo nos encontrásemos, por azar o por suerte. Ambos íbamos acompañados, pero fue tal la magia y el flechazo (desgraciadamente por una parte) que me quedé prendada de ti. No sé si fue tu voz, tu postura, tu manera de moverte, y por supuesto, tu físico... el que me hizo que, desde entonces, no haya dejado de pensar en ti. Sé que tengo muchas rivales por delante, pero no me importa. Busco información acerca de ti, de tu vida y de todo lo que te rodea, y un largo etcétera. Pero cada vez que escucho tus canciones, pero ésa en particular, noto una punzadita en mi interior... ¡tal vez me la estés dedicando a mí, aunque no lo quieras! Pienso en quien te poseyó durante largo tiempo y lo afortunada que fue esa persona... pero yo también te he podido besar, te he podido tocar. Y éso me basta.

No sé como decirte adiós, después de casi once largos años. Has puesto voz y texto a momentos agradables y no, has pasado de ser monócromo a polícromo, tu tamaño se ha achicado y se ha agrandado, pero tu magia siempre sigue siendo la misma. Me enamoraba de ti cada vez que cambiabas para mí, porque sabía que eras mejor, que ampliabas tus funciones para mí y para toda la sociedad, pero que a mí me parecían las únicas y las mejores del mundo. Pero había tres colores, como tres soles, y sólo podías pertenecer a uno en concreto. Yo me incliné por el verde. El verde esperanza. Tenía éxito y éso me bastaba, era de lo mejor... hasta que fuiste perdiendo facultades. Pero no me importó. Era éso lo que te hacía único y especial. Hasta que hace bien poco, hubo un detonante que me hizo ver que era mejor escoger el azul cielo... con sus nubecitas, tiernas... frente al rojo sangre, malo como el diablo. Y mañana, otrora verde esperanza, ahora anaranjado como el sol que tiñe el horizonte, te diré adiós. Puede que definitivamente.

A tí también te diré adiós, o mejor, ya te lo dije hace unos días. Fuiste un pedacito de mí, yo fui un pedacito de ti... y te confié muchas cosas, más que a otras personas, pero llegaste a cansarme. Tenía que encontrarme contigo lo quisiera o no, y éso terminó por aburrirme. Pero siempre me quedará saber que gracias a ti hice amistades, muchas de ellas verdaderas, que he podido conocer con mis propios ojos, y otros a través de un aparato ya no tan moderno pero que siempre quedará como recuerdo de nuestros encuentros semanales, últimamente mensuales. Me dirigía a ti en otra lengua, distinta de la mía... y tú me hablabas en la tuya propia. Y ambos salimos ganando. Pero como digo, me terminaste por cansar, y espero que algún día me lo sepas perdonar. Gracias.

Por éso, tres elementos, os digo adiós. Más bien, un HASTA LUEGO. Sonrisa

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