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- SAL Y AZÚCAR -

UNA PEQUEÑA SEPARACIÓN

UNA PEQUEÑA SEPARACIÓN

Este trozo de madera nos separa y nos separará. Lo colocare donde yo lo diga, no donde tú desees. Me conviene por mis intereses, porque a mí me apetece. No me ves bien y decido que ni tú ni nadie atraviese este trozo de suelo de aquí hacia adelante, ¿oyes? Ésto es mi trozo y ésto es tu trozo.

No te va a quedar más remedio que aceptarlo. Hagamos que dure años, años y años... hasta que la humedad lo corroa, hasta que una fuerza humana venga y lo derribe, pero de momento se va a quedar así quieto. Que no te vea yo que lo tocas, porque avisaré a las fuerzas supremas para que te aniquilen y no quede nada de tu ser.

Pasarán los años y colocarás tu oído para saber qué sucede de vez en cuando en el otro lado, pero yo estaré alerta. Sabremos un poco del otro y con ésto nos vale. Pero a la vez los cercados se harán más grandes y las diferencias más insalvables. Una o dos veces al año, como mucho, haremos un pequeño agujerito para ver qué se cuece al otro lado. Nos repartiremos las cosas que una vez dejamos atrás y ya.

El muro ha ido creciendo y ya una capa espesa de musgo y liquen lo cubre. Está ajado y mugriento, está usado, está cada vez menos perforado. Pero anhela, espera de ser perforado del todo para que se caiga, se derribe; para saber qué se siente al tener el calor de un verdadero hermano, esta vez sí... AL OTRO LADO.

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