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- SAL Y AZÚCAR -

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He vuelto hace poco más de dos horas de la peluquería. No me han hecho nada nuevo, sólo lavar y peinar. Y aún así he pagado una millonada. Resulta que con la revista Glamour, que compro casi todos los meses, venía una tarjeta con descuentos apetecibles en marcas de belleza, y en ellas se incluía la cadena de peluquerías a la que fui esta tarde -Marco Aldany-. El resultado lo veis en la foto, que está hecha con el móvil.

No quedé descontenta salvo por la cifra pelín exorbitada, a pesar del 25 por ciento de descuento que me hacían. Así que como para imaginarse el precio real. Tuve que esperar un rato, pero no fue más de diez minutos... cuando llega mi turno, la peluquera me echa un champú de colores, elegido al azar entre mil botes que tiene al lado. Le pregunto que cuál me ha echado y me dice que "uno para pelo fino como el tuyo". A lo que le espeto que en otras peluquerías suelen preguntar antes de echarlo que qué tipo de pelo se tiene. Ella me responde con retintín que éso son bobadas, que la que entiende es ella y que estoy en buenas manos. Me hace un masaje divino de la muerte pero... sólo me da un champú. Rarez absoluta, yo estoy acostumbrada a dos por lo menos. Pero parece que está bien lavada. Me seca un poco a carreras por encima y se disponde a peinarlo. Lo pido liso como siempre. A lo que ella me lo rocía con un líquido sospechoso que no me suena de nada, ni siquiera la marca.

En cuanto separa los mechones veo que coge unas tenazas que acaban en punta... horror... a ver si esta relista me va a cortar mi melena que tanto me ha costado dejar crecer... ufff qué alivio... son pinzas con forma rarilla... y me empieza a ahuecar el pelo y a dejármelo estilo B.B. -Brigitte Bardot- y yo lo he pedido estilo P.M. -no puta madre sino Paola Massari, la exmujer de Claudio Baglioni-. No digo nada porque me gusta como me queda. Cuando está ya todo peinado y todo, me pide que agache la cabeza. Me echa toda la melena hacia adelante y adiós Madrid que se quedó sin gente, peinado chafado. Me pide que me la eche esta vez para atrás, en plan tiovivo, y me lo cepilla otra vez no sin ciertos tirones. Pero ¡oh magia!, el peinado a lo B.B. ha permanecido. Y ella ha terminado su labor.

Voy a la caja a pagar y enseño mi tarjetita de descuento, claro está. La cifra exorbitada como bien sabéis y nada más salir... una lluvia torrencial... pero con mi paraguas de Tous no me caen ni las balas... pero hago una llamada a casa y viene papuchi a buscarme.

Gente cómo ésta hay pocas. Risa

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