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- SAL Y AZÚCAR -

BAJO EL SOL DE LA TOSCANA

BAJO EL SOL DE LA TOSCANA

En esta semana me he acordado mucho de mi Erasmus en Florencia. No sé porqué. Quizá porque llevo más de un mes sin saber de uno de los mejores amigos que hice allí, Niko. O porque tengo mono de Italia en general, aunque lo suplo rápidamente a través de recetas de pasta, pizza... junto con descargarme películas, canciones y leerme libros en ese idioma... pero el peso de Florencia es bastante duro de borrar, ya que fueron nueve -9- largos meses que paradójicamente me supieron a poco, aunque momentos bajos y soledades los pasé como nadie, claro está.

Me acompañaron mis padres, al igual que a la vuelta. En ambos viajes aprovecharon para conocer el país... así que a la ida fuimos a Pisa y a conocer la misma Florencia... y a la vuelta vieron Bolonia... en cambio yo, ya que mi padre es ferroviario, ahorraba la mitad en los billetes de tren y aprovechaba para viajar lo máximo posible... me quedaron muchas zonas por recorrer, pero en lo que más interés tenía lo vi. Y quedado en mi mente se grabó. Bastaba sólo preparar una mochilita con los cascos, un par de bocatas, agua, billetes, móvil y monedero. Y por supuesto, ganas. Muchas ganas de recorrer mundo. Nunca me olvidaré del primero que hice. Fue un puente de Todos los Santos, y quería ir a Brescia a ver una exposición de los impresionistas... había conocido meses antes a un chico de allí por un Foro en Internet y había acabado por los nublados. Nunca mejor dicho, ese día me llovió todo lo llovible. Pero la ciudad me encantó. Además de resaltar el hecho de que el hotel estaba en un barrio rarito y con presencias extrañas, pero me valió para madurar y andar con ojito mundo "alante".

En otro de ellos, a Rávena, me tocaba hacer transbordo en el tren que no se reveló así, sino esperar cuatro -4- horas hasta que saliese el tren de la estación donde había que hacer el transbordo. Pero el revisor, como un ángel de la guarda, me buscó una compañía: Una chica, llamada Francesca, era de Rávena y venía a buscarla su padre. Y allí que me metí, en el coche de unos desconocidos. Pero resultó ser una familia encantadora.

Y el viaje que hice para ir a ver uno que había conocido por Internet que se reveló un cerdo a pesar de que me colmaba de regalos, y el Grupo de Pastoral donde di con Niko, con un Grupo maravilloso que resultó ser amigo de él, donde di con una Residencia de monjas, con entradas, salidas y todo tipo de cosas que para siempre me quedaron grabadas.

Las desavenencias que supe resolver se evaporaron, junto con el mero hecho de acabar la carrera y mejorar el idioma... formó mi cuerpo y mi mente... y desde el lugar más alto de la ciudad... tomo esta foto que ilustra el post: La Catedral o Duomo.

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