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- SAL Y AZÚCAR -

DESPÍDETE

DESPÍDETE

Despídete, es el momento de decir adiós
Recuerda que los que se quedan no lo pasarán
mejor
Y te das cuenta que es más fácil esperar
y alargar el camino que más tarde nos va a separar

Muchacho vete ya a otro lugar
Cabeza alta y lágrimas,
Porque regresarás, ya verás
Aguanta el tipo y anda

Despídete, pero no dejes de mirar atrás,
Abrázame, que tu calor me llene hasta que vuelvas
Y te das cuenta que es más fácil esperar
y alargar el camino que más tarde nos va a separar

Muchacho vete ya a otro lugar
Cabeza alta y lágrimas,
Porque regresarás, ya verás
Aguanta el tipo y anda ...

Muchacho vete ya a otro lugar
Cabeza alta y lágrimas,
Porque regresarás, ya verás
Aguanta el tipo y anda.

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Escribo estas líneas para despedirme, para deciros adiós. En estos cuatro años y medio me habéis visto crecer, evolucionar... y contar mi vida a través de relatos, de historias... pero que no eran más que la metáfora de mi propia vida. Aún no sé qué rumbo tomará, pero estoy segura que los propios sabores de la vida serán los que me guíen, ya sean dulces, salados o amargos.

Me encargaré de sazonarla a mi gusto, y si otro lo hace por mí, valor y al toro.

Lo dicho, muchísimas gracias por seguirme, por votar, por comentar... sabéis que podéis entrar cuando queráis y releer alguno de los artículos.

HASTA SIEMPRE  Beso

 

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MUÉRDEME

MUÉRDEME

No se sabe cómo se conocieron. Sólo saben que el azar les colocó como dos actores que no estaban destinados a encontrarse, pero ella sabe que será uno más en su lista. En su lista de películas dirigidas de la que ella es la protagonista. Los actores cambian, van y vienen, y ella sonríe, al menos por fuera. Por dentro no, sabe que se siente mal a gusto. A pesar de que le hace mover los labios ese club de fans de una red social que responde al nombre de “He tenido más hombres dentro que el caballo de Troya”. Por eso, se encuentra una vez más frente a frente con alguien que no conoce y con el que sabe que acabará compartiendo algo más que conversación.

Su aspecto desaliñado no invita demasiado, pero tiene un “algo” que le atrae. Ella se encuentra en ese mismo preciso instante bailando como una posesa en la pista. Sus amigas están en la barra, ajenas a lo que posteriormente ocurrirá. Él se acerca a ella como una excusa tonta, como de costumbre, y le ofrece algo de beber. Ella ya lleva unas cuantas copas de más, pero no le importa. Él viene de fuera y ella se encuentra en terreno amigo, así que porqué no darle una oportunidad a este pobre chico.

Empiezan a hablar de gustos comunes, parodias y las risas contagian el ambiente. Pero de repente un olor, un algo, un nosequé, hace que él se acerque peligrosamente a ella. Ésta ya conoce las intenciones y se deja hacer, deja que las distancias se acorten. Y cierra los ojos. Sabor a naranja y a flores silvestres, pero de las que no se arrancan tan fácilmente. Pero su flor se abre y se entrega, como un pez que acaba de morder el anzuelo. Sus lenguas entran en juego y… vaya que si juegan. Los labios y la lengua dan paso a los mordiscos, y a ella le viene inevitablemente a la cabeza algo que dice “muérdeme, bella, hasta desangrarme”. Ella no piensa desangrarle, pero sí exprimir todo su jugo, hasta dejarle reducido como una uva pasa. Y a él parece que le gusta el juego.

Con esa parte corporal que te permite sonreír, comer, hablar y, por supuesto, besar… se entregan como si no hubiera un mañana. Porque las mismas personas que dicen que muerdas sin piedad, dicen que hagas un pacto porque mañana es domingo. ¡Qué casualidad! ¿No? Se encuentran entre la espada y la pared, y saben que todo ello será inevitable. Mañana, mañana, mañana, tratarán de entenderlo mientras todos duerman. Es una historia que llevarán a fuego durante toda su vida. Ambos lo saben muy, pero que muy bien.

Sobre todo ella, que canturrea una vez más: “¡Qué fácil la victoria!”. Con una sonrisa en los labios, eso sí…

VENI, VIDI, VICI

VENI, VIDI, VICI

Hace tiempo, alguien lo dijo: "Veni. Vidi. Vici." Es decir: Llegué. Vi. Vencí. Y es que, una vez más, me tocará ponerme como esta matrioska que acompaña el post, a entonar canciones desgarradoras que serán oídas en todo el orbe. Tampoco esta vez he visto la miel y el laurel, pero he podido rozarlos con los labios.

Llegué, cansada, sin ánimos; pero con ganas de intentarlo. Era como tener un caramelo suspendido de una caña de pescar, que revolotea por tu cabeza, pero cuando intentas darle el primer mordisco, éste se escapa. Y no puedes hacer nada por volver a recuperarlo. Te dejas el cuello y la salud. Pues bien, como digo, llegué y vi el ambiente. Tanta gente para lo mismo, tanta gente que quiere lo mismo que yo. Pero yo te esperaba a ti, lo había deseado desde hacía tanto tiempo que cuando vi que se hizo realidad, no dudé en echarme hacia adelante y me arriesgué, no sin poner en peligro mi vida.

Vi, vi mucha gente en mi misma situación y ejemplo, con las mismas ganas de alcanzar ese caramelo. Pero ese caramelo, en vez de ser dulce, era amargo. Pero a la gente le daba igual el sabor. Con sólo saborearlo valía, el tener el propio caramelo era ya todo un triunfo. Y te vi a ti, sin estar suspendida en el aire por una caña de pescar, sino en todo tu esplendor. Hacía ya tanto tiempo que no te veía, que no sabía si te podría reconocer. Pero sí, nos reconocimos al instante. Y viniste, y te apropiaste de lo que fue mío, para poder ser tuyo.

Vencí, pero el caramelo me fue arrebatado en cuanto me lo quise llevar a la boca. No sé si por estar pensando en la miel y en el laurel... lo que pasó, en realidad, fue un letargo, un sedamiento que me hizo ser demasiado soñadora por unos instantes. Tuve que volver a la cruda realidad, a una realidad que jamás llegó a ser cocinada. Viniste conmigo a muchos sitios, probaste los sabores de la vida y dejé que los degustaras, que fueran tuyos sólo por un instante. Y con la misma rapidez con la que llegaste, te fuiste.

Cantaste en una última función, y, mientras bajaba el telón tras una salva de aplausos, hiciste una promesa: La de volver a ofrecerme el fruto prohibido.

NADA TE DIRIGE

NADA TE DIRIGE

Es un viernes más. Ella se levanta más temprano que el resto de la semana, pues le espera una carretera y delante muchos kilómetros que, muy a pesar suyo, sabrá que son en balde. Ya está acostumbrada a oír gritos y desprecios, y más de una vez se le ha pasado por la cabeza el tirar la toalla, pero le da cosa actuar de tal manera. Se encamina al baño y mira su reflejo, un reflejo un tanto deformado. Decide ducharse para librarse de la suciedad que lleva acumulada desde hace años, todo lo que lleva cargado a sus espaldas pesa más que cualquier roca, a sus 22 años tiene ya cuerpo de vieja. Y se enjabona, despacio.

Se me ha gastado la paciencia de ser el que lo intente
Ya lo he venido haciendo atrás, no tengo que ver con antes
Hacer esfuerzo. Respirar. Un hueco en algunos sitios.
Con perdida de identidad, que se convierte en un vicio.

Sale de la bañera y se perfuma. Falsea su olor natural, el que nadie querrá hacer suyo. Mientras tanto, se viste en silencio, con una ropa que tiene tanto tiempo como ella, no quiere ponerse una nueva porque teme a que no la reconozcan. Vuelve a mirarse al espejo. Mira su pelo recién cortado, de un color que tampoco es el suyo, y resopla. Santa paciencia, qué he hecho yo para merecer ésto. De haberlo sabido, no habría decidido este camino. No quiero ir, no quiero ir...


Y me he cansado de escuchar, por una vez me toca a mi
Le quito el turno a los que te han dictado como deber ser
Nada te dirige, nada te dirige, nadie que se atreva...

Prepara su bolso, otro lastre más para llevar a cuestas. Pesa más que todo lo que ha cargado durante su corta y, también, desdichada vida. Abre las ventanas de su habitación y mira al través. Poca gente hay por la calle a estas horas. Pero quién va a haber, pocos locos como tú se aventuran a hacer semejante recorrido, en esa ciudad donde no conoces a nadie, si es que estás loca. Quién te mandaría. Y siente ganas de llorar, sabe que no lo conseguirá. Se sienta en la cama y piensa en ese jefe tan absurdo como estúpido, que se las da de listo y encima le restriega por la cara lo mal que lo hace todo, para más inri delante de sus compañeros.


Le quito el turno a los que te han dictado como debe ser
Los daños que pueda causar, están mas que disculpados
Sin olvidarme de cerrar caminos que se terminen
Los últimos intentos de ser un ser civilizado
Probaron que era una cuestión de no estar acostumbrado.

Una vez que desayuna, siente que la comida le ha hecho daño. Es todo psicológico. Un nudo le aprieta, le oprime pecho y corazón, y por poco no hace otra visita al baño, no precisamente para acicalarse. Y cierra los ojos otra vez, tiene que irse pero ya. Se encamina hacia la puerta, se despide de quien la acompaña en el hogar y ve que un medio de transporte aparentemente rápido la espera. No quiero, no quiero... pero sube, y éste se pone en marcha.

Y me he cansado de escuchar, por una vez me toca a mi
Le quito el turno a los que te han dictado como deber ser
Nada te dirige, nada te dirige, nadie que se atreva...

Llega su destino y, como es de suponer, no la está esperando a nadie. Ve sitios que posteriormente quedarían grabados en su memoria, y comparte asiento y vagón en otro medio de transporte con gente anónima, al igual que ella. Otra vez, se refleja en un cristal que desea hacer añicos, pues se avergüenza hasta de vivir. Cada vez está más cerca de ese destino, de ese fatal destino al que se ve abocada sin remedio. Baja y se encamina, se dirige al matadero donde, como cada viernes, se irá con el rabo entre las piernas. Sabe que no se equivoca. Ya no hay marcha atrás.


Le quito el turno a los que te han dictado como debe ser.

Una vez allí, expone sus motivos, los motivos que la hacen estar allí, y por supuesto, las cosas no van como ella quiere. Aguanta estoicamente voces, gritos, insultos, desprecios. Pero ella, en vez de agachar la cabeza, se mantiene muy digna en su sitio. Cuando le llega el turno, se levanta, se despide y se va. Tiene más carretera que la espera, pero sabe que ha encontrado un "algo" para continuar. Y no tirará la toalla. Volverá a perfumarse, con ese aroma que sabe que le dará suerte, más suerte, y se impondrá. Y sabrá, al fin, VOLAR.


Borrando, datos de la lista Caminando nada te dirige
Quemando paginas de vida Caducada, nada te dirige
Teniendo el sentido de tu lado en cada gesto...Nadie que se atreva
Moviéndote al paso de los que te dejan. Libre para decidir.

 

P.D. Letra en cursivo: Canción "Nada te dirige" del grupo murciano Second.

CÓMO DECIRTE ADIÓS

CÓMO DECIRTE ADIÓS

Cómo decirte adiós, ahora que ya te has alejado de mí.

Hace un mes escaso que te fuiste y que dejaste tu esencia en aquella sala que, a pesar de no abarrotarse, fue suficiente para que tú y yo nos encontrásemos, por azar o por suerte. Ambos íbamos acompañados, pero fue tal la magia y el flechazo (desgraciadamente por una parte) que me quedé prendada de ti. No sé si fue tu voz, tu postura, tu manera de moverte, y por supuesto, tu físico... el que me hizo que, desde entonces, no haya dejado de pensar en ti. Sé que tengo muchas rivales por delante, pero no me importa. Busco información acerca de ti, de tu vida y de todo lo que te rodea, y un largo etcétera. Pero cada vez que escucho tus canciones, pero ésa en particular, noto una punzadita en mi interior... ¡tal vez me la estés dedicando a mí, aunque no lo quieras! Pienso en quien te poseyó durante largo tiempo y lo afortunada que fue esa persona... pero yo también te he podido besar, te he podido tocar. Y éso me basta.

No sé como decirte adiós, después de casi once largos años. Has puesto voz y texto a momentos agradables y no, has pasado de ser monócromo a polícromo, tu tamaño se ha achicado y se ha agrandado, pero tu magia siempre sigue siendo la misma. Me enamoraba de ti cada vez que cambiabas para mí, porque sabía que eras mejor, que ampliabas tus funciones para mí y para toda la sociedad, pero que a mí me parecían las únicas y las mejores del mundo. Pero había tres colores, como tres soles, y sólo podías pertenecer a uno en concreto. Yo me incliné por el verde. El verde esperanza. Tenía éxito y éso me bastaba, era de lo mejor... hasta que fuiste perdiendo facultades. Pero no me importó. Era éso lo que te hacía único y especial. Hasta que hace bien poco, hubo un detonante que me hizo ver que era mejor escoger el azul cielo... con sus nubecitas, tiernas... frente al rojo sangre, malo como el diablo. Y mañana, otrora verde esperanza, ahora anaranjado como el sol que tiñe el horizonte, te diré adiós. Puede que definitivamente.

A tí también te diré adiós, o mejor, ya te lo dije hace unos días. Fuiste un pedacito de mí, yo fui un pedacito de ti... y te confié muchas cosas, más que a otras personas, pero llegaste a cansarme. Tenía que encontrarme contigo lo quisiera o no, y éso terminó por aburrirme. Pero siempre me quedará saber que gracias a ti hice amistades, muchas de ellas verdaderas, que he podido conocer con mis propios ojos, y otros a través de un aparato ya no tan moderno pero que siempre quedará como recuerdo de nuestros encuentros semanales, últimamente mensuales. Me dirigía a ti en otra lengua, distinta de la mía... y tú me hablabas en la tuya propia. Y ambos salimos ganando. Pero como digo, me terminaste por cansar, y espero que algún día me lo sepas perdonar. Gracias.

Por éso, tres elementos, os digo adiós. Más bien, un HASTA LUEGO. Sonrisa

OBSESIÓN

OBSESIÓN

Pequeñas obsesiones, pequeños placeres que me hacen seguir hacia adelante. Sé que la vida no sería igual sin ellos, por lo que a veces me recreo en mis pensamientos, haciéndome feliz.

Pienso en ti, en tu compostura, en tu manera de aparecerte a mí pero a la vez a una gran colectividad que ansiaba verte y conocerte... yo desconocía tu rostro, pero en cuanto lo vi, supe que eras para mí. Te hice miles de fotos, al final del todo nos hicimos una juntos y pude comprobar tu sabor, tu olor. Pero yo te imaginaba encima de mí, sonriendo y susurrando, cantando y respirando, mientras me hacías reír. Sin embargo, todo ésto era muy fatuo, eran pensamientos vacíos que se desvanecían en cuanto hacían irrupción en mi mente.

Pero también pensaba a la vez en algo material, irremisiblemente absurdo y que a la vez me parecía de una patanería grande y gallarda, pero de la que ahora nadie puede hacer frente ni pasar sin ella, por lo que ir rotando es una constante. Cuanto más cosas haya, mejor. Y sueño en que esta vez sí; lo podré tocar, lo podré oler, podrá ser mío para toda la vida, e incluso podré fotografiarme con él las veces que me dé la gana, si nada va mal, nadie me lo podrá arrebatar. Pero sé que en cuanto se pase la moda, querré otra cosa parecida o tal vez, incluso mejor.

Oigo tu voz y me emociono, veo tu rostro y tiemblo, sé de ti y recuerdo lo que nos pasó la semana anterior, hasta que llegue este recuerdo a ser una tímida luz en el horizonte, pero que espero que nunca se apague. Muchas veces pienso en qué podría haber pasado si no me hubiera atrevido a realizar un acto tan fácil como rudimentario... otra persona podría haberte usado para hacer un mismo uso, del mismo que hice yo de ti... y me adelanté, tal vez fui más lista, más inteligente... en definitiva, más persuasivo.

Tal vez hago la cuenta atrás para saber los días que me faltan para estrecharte entre mis brazos... la competencia no me importa, los modelos y los maniquíes tampoco, tal vez si te digo que te llevo esperando toda la vida no me importa que lo sepas. Lo puedo decir alto y claro, con todo lo que ello conlleve. Habrá otros que te deseen, pero ya sabes que cuando se me mete algo entre ceja y ceja no pararé hasta que seas mío. Ay... estos dulces sentimientos que me encadenan a ti no pueden durar más tiempo, porque sé que sufro a lo inútil, que no servirá de nada...

ES, SENCILLAMENTE, UNA OBSESIÓN.

DESNUDO EN AZUL

DESNUDO EN AZUL

Te marchaste hace tiempo ya, sin despedirte siquiera,

dando la espalda hacia la pared, esa misma que ahora nos separa y nos separará.

Yo te quería, tú me querías,

pero de todos modos no te importó marcharte.

Mientras tanto, yo sentía algo fluir ahí abajo, despacio, dulcemente;

pero yo creía que eran los cimientos de algo que empezaba a construir y que esperaba que durase...

Parecían tan fijas, tan estables... que me llegué a fiar de ti...

Pero no fue así.

Me has dejado como un desnudo en azul,

como un cuadro inacabado, como una comida dejada a medias sin comer,

y mientras te veía subir, yo te seguía con la mirada

esperando encontrarte tarde o temprano.

Habría tenido, pasado el tiempo, tantas ganas de estrecharte entre mis brazos y oírte simplemente decir "estoy bien",

pero es imposible ya, tú ya no estás aquí,

por lo que no sé si saldré adelante,

porque quiero que sepas que aquí abajo te vigilaremos, te seguiremos; siempre y cuando tú lo quieras.

Me has dejado como un desnudo en azul,

como un cuadro inacabado, como una comida dejada a medias sin comer,

y mientras te veía subir, yo te seguía con la mirada

esperando encontrarte tarde o temprano.

Pero no te preocupes, mi ángel, sé que desde ahí arriba nos vigilas a todos, malos y buenos

y que a la vez no te cansas de jugar con otros amiguitos que desgraciadamente también han dejado a alguien en la tierra,

pero recuerda: Estáte alerta por todo lo que pueda pasar... ¡nunca se sabe!

Me has dejado como un desnudo en azul,

como un cuadro inacabado, como una comida dejada a medias sin comer,

y mientras te veía subir, yo te seguía con la mirada

esperando encontrarte tarde o temprano.

Yo estaré allí... ¿Y tú?

LO TUYO ES PURO TEATRO

LO TUYO ES PURO TEATRO

Lo tuyo es puro teatro.

Hace tiempo que me di cuenta de tal cosa, pero ha sido en este último periodo en el que me doy cuenta que la historia se repite. Como el hombre (o en mi caso, la mujer) es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, la historia no me es nueva. Muchas palabras de cariño, muchas paparruchas que al principio te ilusionan pero que luego suenan a vacío, a hueco. Que no me interesa tu vida, ¿oyes?. Yo también tengo mis problemas y no quiero que se me llene la cabeza de majaderías como las tuyas. Ya he oído suficiente.

Lo tuyo es puro teatro.

Lo que yo no entiendo es que este tira y afloja, si es que se le puede llamar así, siga existiendo. Por privado, todo mal. En público, todo dulzura y educación. Pero... ¿tú a quién pretendes engañar?. Seré buena, pero no tonta. Y me doy cuenta de las cosas más veces de las que tú piensas. Yo me hago la longuis ante los demás, me hago la sueca y te respondo con otra melosidad, pero que sepas que si te vuelvo a ver te hago un desprecio de los míos. Somos, respectivamente, Escorpio y Leo... dos signos demasiado fuertes que chocan entre sí.

Lo tuyo es puro teatro.

Porque me cansas, me aburres, me hartas con tus historias de siempre. Las he oído mil quinientas veces, ¿es que no te puedes dar cuenta?. Cuando me las dices, asiento y puede que me ponga hasta en tu piel, pero en privado, por dentro... refunfuño y hago como que no escucho. O si lo escucho, rápidamente lo olvido y a otra cosa, mariposa... que hay temas más interesantes que oír. Y no son precisamente los tuyos, ricura.

Lo tuyo es puro teatro.

Porque tal vez haya sido una pesadilla conocerte, por mucho que tenga tu mail y tu número de móvil no te pienso contactar ni una vez más, si te desetiquetas de la foto que nos hicimos, pues lleva viendo fresco, márchate por donde has venido y no vuelvas más... "gato escaldado del agua huye"... pues a mí me tiene que caer un barreño entero en pleno lomo para enterarme bien de lo que pasa, de lo que quieres de mí... que en el fondo no quieres nada, que lo sé yo.

Lo tuyo es puro teatro.

PITA EN SOLEDAD

PITA EN SOLEDAD

Tanto bailar para luego darse cuenta de que has perdido algo que no se sabe si vas a encontrarlo. Pero entonces no puedes ni siquiera imaginártelo... te lo estás pasando tan bien... bailas y bailas... ríes, bebes y fumas... ah, no, que es que ahora lo han prohibido. Lo dicho, que te lo pasas como nunca... Pita en soledad.

Regresas a casa, te descalzas y te vas desvistiendo mientras piensas... qué noche, qué noche... sonríes para tus adentros a la vez que te pones las zapatillas y te encaminas al baño... te lavas la cara y te encaminas hacia la cama, mañana será otro día... Pita en soledad.

Y duermes, duermes... rememorando la noche recién transcurrida... te abrazas a tu pareja, que también duerme pero a la vez está con un ojo avizor pendiente de que todo esté en orden... no se sabe si pasará algo malo o no, pero nunca está de más estar un poco alerta... Pita en soledad.

Pero llega la hora de levantarse. Parece que algo no va bien. Estás con la mosca detrás de la oreja... crees que has perdido algo y sí, lo puedes confirmar: Vacías bolsillos, el bolso, la chaqueta, el pantalón, todo. Pero no, no aparece. Como no estás del todo seguro, te das una ducha y desayunas... Pita en soledad.

Acabas de desayunar y ya te das cuenta de que falta. Grito mortífero que se deja sentir en la casa, acompañado de lloros y lamentos, porqué me tiene que pasar ésto a mí, si parezco imbécil, qué vaya suerte la mía, parece que nos ha visto un tuerto... Pita en soledad.

Te consuela quien te está cerca, al final termina sabiéndolo todo el mundo, mientras siguen su camino esos objetitos arriñonados que no sé sabe cuánto vale pero seguro que un pastón. Y te lamentas, y te fustigas acerca de cuán culpable y desgraciado te sientes... Pita en soledad.

Y no te quedas tranquilo y recorres esas calles que te vieron caminar, retozar de alegría, reír y pasarlo bien, estar en compañía agradable... Pero nada de ésa queda ahora... llegas a la sala de fiestas y a esperar, porque no es aún la hora de abrir... te impacientas y haces ya recuento de la pérdida... Pita en soledad.

Y cuando abren, entras con el corazón en un puño... quién sabe en qué estado lo encontraré, si lo podré usar todavía, quién sabe... y otra vez a maldecirse a sí mismo, que si no valgo, que porqué me ha tenido que pasar ésto a mí... cuando de repente, aparece, sin venir a cuento, te alegras y todo el mundo tiene que saberlo...

 

PITA EN SOLEDAD.

 

DESDE EL PUERTO

DESDE EL PUERTO

Quiero llegar puntual a la cita. Me espera alguien a quien no conozco, pero que podría reconocer por su olor. Conozco físico y modos de gesticular, no así de su manera de hablar. Y lo imagino riendo y pasándolo bien, tomándonos fotografías que posteriormente quedarán indelebles en nuestras memorias. Hablaremos del más y del menos, pero sobre todo de lo que nos ha traído hasta aquí.

Desde el puerto he visto amanecer

con tu ausencia sentada junto a mí

me ha invitado a no dejar atrás

el capricho de verte sonreír.

Me perfumo delicadamente, con una esencia rara y floral, mi favorita. Elijo asimismo una ropa cómoda, me pongo tacón. Rápida cepillada a mi pelo recién limpio y pendientes llamativos, maquillaje sutil pero que se hace notar. Y me encamino hacia el encuentro, el gran encuentro.

Y cada minuto

espera su turno

se escapa, se pierde,

se une al mar.

Espero un minuto, dos, tres. Hasta diez. Llega el momento en el que me harto de esperar y marco su número de teléfono. Parece que tardan al contestar, y cuando lo hacen, mucho ruido al otro lado. Una ligera equivocación y una sonrisa monolateral hace que todo empiece a ir por donde no se debe, o peor aún, por donde no se debería de haber ido. Sus ojos verdes que se reflejan en los míos marrones jamás encontrarán un camino paralelo, lo siento y lo presiento.

Sobre el agua se dibuja una historia ya dormida,

en silencio escucho el verso de tu despedida.

Parece que hay temas de los que hablar, una invitación para algo que tomar pero no dónde sentarse, sí en cambio ponerse de pie. Y aguanta, aguanta estoicamente para que tu cuerpo diga basta, basta. Pocas cosas en común, otras que sí lo son alguien ya las ha dejado atrás. Y no puede ser que nos hayamos ya visto en otro momento, total, yo ya no pienso repetir. De este agua ya no beberé.

En tu ausencia mi amiga en soledad

me ha contado que el sol sale por ti,

tiemblo, descanso, ahora escucho su voz,

me miro en sus ojos, me llevan a dormir.

La conversación sigue su camino, pero por el que uno quiere, el otro tuerce y dice que no. Ganas de marcharse y de irse a llorar, porqué tiene que pasarme ésto a mí. Vivía de ilusiones la tonta de los cojones, decían por ahí, y razón no les faltaba. Horror del horroroso, miedo del que tuve yo pero esta vea ya no me pillarán confesada porque esta vez diré que no, que no pienso volver.

Y cada minuto

espera su turno

se escapa, se pierde,

se une al mar.

Espero que otros encuentros, o desencuentros, sean mejores que éste, porque no quiero ni pienso repetir. Quiero irme a mi casa, no a llorar pero sí maldecir, hacer el vudú, decir que todo ha sido una mala experiencia, pues de todas ellas se aprende. Ésto me pasa por idiota, que es lo que eres, una idiota que se ilusiona con niñerías.

Sobre el agua se dibuja una historia ya dormida,

en silencio escucho el verso de tu despedida.

Pides en cambio que se haga un retrato, un retrato conjunto contigo. Entonces él te abraza por detrás, no sin mostrar asombro, y desde ese reflejo en el que os veréis posteriormente, o mejor, lo verás tú, ves que uno sale serio y la otra con cara de imbécil, la que te ha quedado después de verle. Si una sonrisa es natural, se nota. Y esta vez quedaste apocada, con cara de circunstancias.

Quisiera tenerte aquí un segundo,

decirte que el mundo no tiene luz.

Y os despedís, cada uno a su casa. Dos besos rápidos y esencias que se intercambian hacen su simbiosis. Flores raras más resinas añejas, combinación indeleble que hará que caiga el telón de esta función en la que los actores aún no estaban dispuestos a salir al escenario, sino que se dedicaron a sobreactuar y algo no salió bien. Pero no habrá más sesiones. Nunca más.

Sobre el agua se dibuja una historia ya dormida,

en silencio escucho el verso de tu despedida.

 

P.D. El texto en cursiva corresponde a la canción "Desde el puerto" de La oreja de Van Gogh. La foto está hecha por mí desde un tren.

DULZURA

DULZURA

Tengo ganas de algo dulce. Pero una mano me retiene. Y sé que, mientras una mano cometerá el pecado, otra llegará para cercenarla y decir que no, que no debo de realizar tal acto.

Mi estómago me pide Nutella, crema pastelera, algodón de azúcar y almendras garrapiñadas, para satisfacer mis ganas de liberar enforfinas, las hormonas de la felicidad. No es suficiente pedirse un Domingo por la tarde (en buena compañía y en el lugar adecuado) un chocolate blanco a la taza y sumergir un par de bizcochos de soletilla. Como que saben a poco...

Pienso en más momentos de dulzura, en pausas que debería de concederme pero que no debería de hacer. Yo misma me impongo el cilicio de la esclavitud y del trabajo, pero sé que todo ello tendrá una recompensa favorable. Para luego encontrarse en el ascensor de casa pedorros y en un puesto de trabajo que no te pertenece, pedorras. Y te entran ganas de estrangularles a ambos dos y estrellarlos contra la luna. Del cristal, quiero decir. Aunque mandarlos al astro no estaría mal tampoco para perderlos de vista.

Mi pelo pedía un cambio de look, mi cuerpo unas vacaciones. Y así ha sido. Cambio no excesivo pero necesario para acabar con los daños; y el cuerpo me dirá que este fin de semana que viene tomaré un avión destino Europa, con compañía igualmente agradable que la del chocolate.

Despegaré, cual cohete, hacia las nubes, para posteriormente aterrizar y volver a la cruda realidad.

Mientras pienso en algo muy, muy dulce... :)

 

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LLEVO TU VOZ

LLEVO TU VOZ

Llevo tu voz.

Recogida en una concha, para llevarla siempre como colgante.

Que en invierno calienta y en invierno hace que te vengan escalofríos.

 

Tu voz,

dulce al teléfono y un poquito ruda de persona,

pero siempre la tuya.

 

Es como una caricia,

una dulce caricia que no hace daño,

que me envuelve, me apasiona y me hace sentir segura.

 

Tus orígenes quizá un tanto extranjeros

pero que ya hace tiempo que diste por olvidados

siguen latentes en tu voz.

 

Abres esa boca tuya que quiero hacer mía una vez más

y se deja oír tu maravillosa voz,

melodía que podría escuchar durante horas sin cansarme

y ni siquiera ponerme unos auriculares.

 

A veces quisiera poder comprarme una grabadora

para poder robártela y hacerla -quizá- de melodía para el móvil.

 

Pero no quiero robarte algo tan personal

como tu voz.

TU PERFUME

TU PERFUME

Ha llegado el momento.

Ha llegado el momento en el que me dices, por fin, lo que llevo esperando tanto tiempo. Y al final de tu boca salen tales palabras, esas mismas palabreas que en mi mente jamás imaginé que fueran tan bellas y dulces a la vez. Mejilla con mejilla, no será para pelear, nos buscamos con la mirada pero con todo a la vez también... para posteriormente buscar tus labios.

Tu sonrisa, tan perfecta como siempre, sé que tiene secretos listos para ser revelados, y que a la vez a esa boca le falta poco para serr besada, y que ésta no me decepcionará. Poco a poco. Me acerco. Te acercas. Y finalmente caes sobre mí, lleno de amor... y tu perfume hace acto de presencia. Dejas que yo pueda olerlo, para llevarme así consigo un recuerdo tuyo, indeleble. Ese mismo perfume, el que sé que tú usas desde hace tanto tiempo y que reconocería aún pasaran más de mil años. Huele a bosques, a liquen y a musgos. A bosques aún vírgenes, como tú, como yo en este momento tan especial. Y desde este momento sé que esta vez el perfume abrasa, casi quema. Y puede que hasta haga daño. Pero me gusta sufrir, ya lo sabes...

Cierro los ojos. Dejo que me toques, que me acaricies, que me tengas contigo y me beses. Pero al mismo tiempo siento que tengo que devolver la jugada, ya que es mi turno... eres mío y de nadie más... Estamos sólo tú y yo en este pequeño planeta... y respiramos libres en un mundo sin tristezas ni penurias... De repente... sonríes, con esos dientes tan perfectos... y quedo aniquilada una vez más... río yo también, río y te abrazo, río y te beso, sin dejar de oler tu perfume, que también te hace compañía junto conmigo... Te cojo de las manos, por los homros, te hago mío una vez más... y te beso una vez más como si no hubiera un mañana.

Pienso a esos bosques vírgenes que conforman tu ser, que han tenido que ser privados de su aroma para ahora lo lleves sólo tú, ese olor tan único y personal. Pero pienso también en ti, por supuesto que sí. Te acaricio sin dejar resquicio alguno, en el pelo, los ojos, las manos y la frente, te beso manos y pies, mientras tú piensas -seguramente- que no hay hombre con más suerte en el mundo que tú.

Rodamos y caemos, caemos y bailamos, bailamos y cantamos... en esta danza hipnótica de la que, una vez más, dejará sólo constancia... tu perfume.

PÍNTAME

PÍNTAME

Píntame.

Píntame del color que prefieras. Aquí estoy, como un lienzo recién colocado en su bastidor, como una pared recién encalada que espera el fresco, como un trozo de papel que temblará al sentir el lápiz encima suyo.

Veo los pinceles que, temblorosos, se acercan... y un sudor frío recorre mi cuerpo. Llega el momento de la verdad. Pero en cuanto siento las cerdas moverse, friccionar, mojarse y volverse a mojar en esa pintura, para posteriormente ser aplicadas sobre mí, todo me recuerda a ti. No pienso en nada, pienso sólo en ser recorrida por pinceles y coloreada de todos los colores del mundo, para convertirme en una obra de arte viviente.

Me gustaría ser pincel y pintura a la vez. Ser las dos caras de una misma moneda, ser sujeto activo y sujeto pasivo. Pincel para poder tocarte, para poder establecer contacto contigo. Y pintura por su calidad matérica, por su capacidad infinita de mezclarse con otros semejantes y esperar que esa mezcla surta efecto.

Prosigue la creación, los primeros titubeos que hacen que se llegue a una madurez, que alcanzará plenitud en un desarrollo... sí, son las mezclas de color, de diferentes combinaciones que hacen que la obra sea así, tal y como tú, como artista, hayas decidido que así sea.

Y me pondrás un título, un precio para que la gente me contemple, me visite en un Museo y exprese su parecer: "¡Qué bonito!", o "¿Ésto es arte? Lo puede hacer hasta mi nieto de tres años". Y yo, impertérrita, cerraré los ojos y me taparé los oídos, porque ya se sabe, a palabras necias, oídos sordos.

Sólo te digo una cosa: GRACIAS POR CREARME. Sonrisa

EL JERSEY AZUL

EL JERSEY AZUL

Ayer soñé contigo. Sí, contigo. Llevabas el pelo como siempre, un pelín más corto quizá, pero como siempre desaliñado. Tus ojos azules como el mar, en cambio, resplandecían en la noche, llenando de luz las calles que recorríamos, a paso firme.

Nos conocimos por pura casualidad, ya que el uno no sabía de la existencia del otro. Sólo sabíamos que la otra persona había nacido el mismo día, mes y año que el otro... gran casualidad ésta también... que ha hecho que nuestros caminos se unan. Y por ésto estamos aquí, en un país que te ha dado, que nos ha dado tanta felicidad... el que nos acogió. Nos encontramos en Londres, un Londres extraño y lluvioso que dejamos atrás, tras nuestras cabezas.

Y sin darme cuenta, sin querer, te beso. Te beso en la mano derecha, que sostiene la mía. Tú me sonríes, y me devuelves el beso... pero en la boca, sobre mis dulces labios. Cogemos el metro, y allí a jugar y a divertirse, como unos chiquillos que no quieren que el juego acabe. Iremos a visitar Museos y exposiciones. Pero tu cara de chiquillo travieso no desaparece, es más, sigue reflejada en mí, mientras mi larga melena lisa y oscura te atrapa. Sigues besándome como si no hubiera un mañana, es increíble cómo todo ésto puede ser cierto. Y lo es, real como la vida misma, sí.

Cierro los ojos, y me viene a la mente una cama que se deshará y se volverá a hacer. Mientras nosotros acurrucados, retorcidos, regalándonos amor. Esa cama se hará con amor y se deshará también con amor. Un escalofrío que puede traer vida algún mes después. No importa si él o ella. Lo que importa es que sea guapo como tú. Y que seguramente hablará cuatro idiomas. Pero tengo que dejar de soñar ya que todo desaparece en la nada, en una nube tonta que se posa sobre nosotros, que seguimos allí.

Tú te tienes que ir, pero sólo un momento. Te espero, y los minutos se hacen horas, las horas tardes, las tardes eternas. Ya no vendrás, ya no estás aquí. Y me marcho a casa, cabizbaja. Pero cuál es mi sorpresa al ver que en mi habitación hay un jersey azul. El mismo que llevabas tú. Lo huelo, lo toco y lo miro. Me abrazo a él. Me queda pequeño, pero es el recuerdo de que aún te tengo. Estará ahí haciéndome compañía. Quién sabe si lo dejaste ahí olvidado tú, para decirme que estarás siempre y en todo lugar.

Mientras yo tendré este jersey azul conservado como oro en paño...

CON SÓLO UN BESO

CON SÓLO UN BESO

Con sólo un beso has ganado mi confianza.

Quién lo diría... después de cuatro años viéndonos todas las semanas, un día fijado... para posteriormente juzgar bajo un mismo rasero algo que al principio era un germen... que creció, se desarrolló, y este año, desgraciadamente, murió...

Recapitulemos... al principio tu corazón era de hielo, de metal... de un material duro, impenetrable... era imposible llegar a tu interior... todo lo que hacía estaba mal... muy mal... y me mirabas con ojos fieros, yo marchaba llorando a casa, sabía que todo lo que hacía era en balde... y más de una vez pensé en tirar la toalla... pero algo en mi interior me dijo que no lo hiciese... y no lo hice.

No sé qué pasó en una de esas fechas... un detonante... algo decisivo... que se resquebrajaba, que se rompía... por una parte... por la otra... por las dos... y el mundo se convirtió en algo dulce, agradable, donde vivir mejor tras unas cortinas que, si se desgarran, dejan a la luz un mundo fatuo y tan real como la vida misma.

Me empezaste a hacer regalos, tuviste detalles conmigo y con nadie más... te convertiste casi en un oso de peluche y tu corazón se calentó... comenzó a latir... el hielo dio paso a la carne... carne que sin hueso se convierte en aún más sabrosa... y empecé a saborear los sabores de la vida. Te abriste a mí, como flor prometida... y los mails que al principio eran escuetos y formales, dieron paso a auténticas declaraciones, Biblias casi, llenas de sentimiento...

Hicimos camino, juntos, no sin esfuerzo... la cantera se hizo pesada... pero al final resultó ser un edificio labrado no sin cierto amor... pero también hecho de sudor, sangre y lágrimas...

Las mismas que derramaremos en cuanto digamos que está inaugurado, y lo habitemos... gracias a TI. Sonrisa

QUIÉN DIJO QUE ÉSTO ERA EL FIN

QUIÉN DIJO QUE ÉSTO ERA EL FIN

Quién dijo que ésto era el fin. Túmbate en esa cama donde doblarán campanas, donde las sábanas girarán acompasadas, de felicidad... y tú sentirás unos espasmos jamás probados anteriormente... para volver a sentir el arrullo de las aguas que una vez te mecieron.

No es una experiencia nueva, llevas casi 28 años haciendo prácticamente lo mismo: Preparas unas maletas llenas de cosas fatuas y otras que no tanto, pones en funcionamiento unos ruptores mientras otras personas hacen prácticamente lo mismo que tú... no lo sabes hasta que llegas... pero te cansa, te cansa ver lo de siempre todos los años, por éso has buscado irte lejos, muy lejos, para cambiar de aires.

De recuerdo te llevarás sol y mar en todos los poros de tu piel, algo de color y de calor; algún recuerdo que te diga que estuviste allí y poco más. Volverás a accionar ruptores y pondrás en marcha el hacer esas maletas que posteriormente, una vez en su destino, se vaciarán.

Pero unas semanas más tarde, renunciarás a algo más por cosas que parece que te interesan, porque te interesa ÉL, aunque no lo quieras. Relees sus correos y te emocionas, ves su dulce carita (cit.) en el móvil y te alegras. Has tenido sueños eróticos con él. pero nadie lo sabe. Es un dios del sexo, tanto él domina estos temas. Hace cultura material de tu tierra, de la que una vez vino marcado a cal y a fuego.

Hala, no pierdas más tiempo y haz que esta vez no sea la última. Al menos por unos días.

CASAS DE MUÑECAS

CASAS DE MUÑECAS

Levantamos las piernas en ángulo de noventa grados, así, coronilla hacia la perta de entrada, espalda recta. Inicia desde aquí el ejercicio. Hete aquí las instrucciones, mientras ella lo hace, obediente, sin prisa; mientras a su mente vienen casas y casitas. Sobre todo casitas de muñecas, que sabe que están lejanas y por lo tanto, inalcanzables. Son sólo accesibles a una minoría que puede pagarse cosas maravillosas, las que ellas jamás logrará tener. Pero ambiciona por ello, algo le bulle en su interior.

Ahora trabajaremos el trasverso, es como si quisiéramos abrocharnos el ombligo hacia dentro. Inspiro... respiro... así, muy bien, expulso el aire con la boca. Acompasado. Pero resulta que esas mismas posturas que ella está haciendo se dibujan en el techo, cogen corporeidad, carne, hueso e incluso alma. Es algo inaudito. ¿Por qué yo no puedo conseguirlo? Se podría intentar adivinar quién vivirá en esas casas... sí, de alguien sabes... pero que no conoces casi nada... no te invitan, no te dicen de compartir sus riquezas con ellos. No perteneces a su mundo, dicho de otra forma.

Cogemos el balón y lo colocamos delante de nuestro cuerpo mientras estamos arrodillados delante de él. Vamos redondeando espalda poco a poco, lo primero que baja es la cabeza, y progresivamente vamos arqueando suavemente la espalda hasta quedar como una mesa, recta. Muy bien. Y esas casas tienen piscina, ahí bañaré a mis muñecas, mientras otras tantas muñecas están en remojo ya, y se tuestan al sol mientras alguien las ayuda a secarse, a salir del agua. Para posteriormente hablar, siempre las muñecas, de cosas fatuas e intranscendentes... se aplican cremas solares caras, se visten de lujo y viajan por todo el mundo, en avión, yate, velero... el coche y el tren son de gente pobre y mundana.

Vamos progresivamente levantando la espalda, primero las lumbares, luego las dorsales y finalmente las cervicales. Lo último que sube es la cabeza. Estas personas serían incapaces de vestirse en rebajas, eso lo dejamos para el populacho. Y no compramos ni en grandes almacenes ni en tiendas que conoce todo el mundo. Buscamos la exclusividad, el lujo, lo caro, lo auténtico. Nos lo pasamos fenomenal con objetos electrónicos igual de exclusivos y puede que hasta de edición limitada, nos va lo efímero porque sabemos que podemos permitírnoslo, faltaría más.

Y hasta aquí hemos llegado... derechitas... hasta el Miércoles, muchas gracias. Se incorpora lentamente de la colchoneta, la coloca en su sitio, junto con los accesorios que haya podido usar ese día. Se quita los calcetines adherentes y se pone sus zapatillas de vieja, las que fueron una vez de niña rica.

 

ALGO PEQUEÑITO

ALGO PEQUEÑITO

Sí. España será toda una, una vez más. Y cantará frente a las pantallas de sus televisores ese atronador UO UO UOOOO, que aunque parezca lo contrario me en-can-ta, a pesar de que sigo pensando lo mismo desde que salió elegida la canción: ¡Le falta un empujón! Sí, un empujón que diga, espabila, vamos, coge ritmo, muévete y sal volando, simplemente di otra vez: "Aaaaalgo pequeñito... aaaaalgo chiquititoooo... uo uo uoooo".

Además hay que reconocer que el chico no canta tan mal. Se parece a Bisbalín y todo. En el pelo hirsuto y puede que hasta en la voz. Por mucho que a veces piense que al Dani -jeee :P- se me asemeja ligeramente al Nino Bravo (!) o además patochadas, pero sí, el chico canta bien y espero que nos haga quedar en buena posición. Pero sucederá lo de siempre: Que los vecinos paiseros se votarán entre ellos, harán amaños y agitarán sus banderas y el ya archiconocido UO UO UOOOO sea como el de los concursos de la tele, que designe que te vas al garete.

¿Y qué hay de que salga en segunda posición? Puede que uno no se acuerde al final del todo, pero... sonarán acordes y melodías maravillosas, saldrán bailarinas y bailarines, que hagan que se acuerde uno de la canción hasta la saciedad... esperemos que no se cumpla éso de "los primeros serán los últimos"... porque entre la Soraya y el Chikilikuatre...

¡Me quedo con Daniel Diges! Risa

EL PISOTEO

EL PISOTEO

Parece que ha llegado el buen tiempo, menos mal... pero aún una no se ha acostumbrado. Como veis por la foto que acompaña al post, sigo llevando aún mis zapatillas Converse, comenzando a pisar con ellas. Pisoteo esta ciudad, en primera instancia, donde comienza a hacer buen tiempo un día y al siguiente a saber. Me vienen a la mente recuerdos de ceniza, que vienen y van... que nublan mi vista y mi campo de visión... ¿sabes una cosa? Tenía tanta confianza en ti... en tí, sí... que volveríamos a vernos y sin embargo no ha sido así... por ésto te pisoteo también a ti, sabandija, que no eres otra cosa.

Me has decepcionado tan profundamente... que sepas que si vuelve el mal tiempo, me volveré a poner mis botas altas de militar, que estarán listas para pisotearte una vez más, puede que incluso a escupirte. Es que aún no me lo creo, tengo que pellizcarme y ver que es real como la vida misma. Es como una defensa este pisoteo continuo. Un escudo que me valdrá para refugiarme y para decir que ya no volverás... que no volverás nunca más. Entonces dejaré que mis zapatillas se manchen en el barro, donde asimismo serás mío y donde te tendré, después de todo.

Aunque me dé asco, me tiraré de cabeza a ese barro, por supuesto, sin dejar de pisotear. Sonará entonces una orquesta que hará una simple nota, la que dice chof chof chof y de la que no querremos que deje de sonar. Será tan delicioso ver nuestros cuerpos luchando mientras me deshago en ti. Para posteriormente volver a un paraíso, un paraíso que me ofrece una simple una duchita caliente, y un gel de baño rico, que dicen que lleva polvo de diamantes y tiene tanto glamour, como bien reza su nombre.

Volveré pues a una casa que nunca me perteneció, pero que pisotearé también. Con estos hermosos pies que me han sido concendidos... estaremos en buena compañía, uno arriesgará, otro jugará... y todos reirán.

¡Sin dejar de pisotear!  Risa

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